No existe un tamaño de mochila «perfecto» para recorrer 25 kilómetros en un día; en realidad depende de varios factores clave: cuánto tiempo vas a estar fuera, qué tiempo va a hacer, cuánto material llevas y qué te resulta cómodo a ti.
Dicho esto, la mayoría de los senderistas coinciden en que una mochila de entre 30 y 40 litros suele ser el punto óptimo para una ruta de un día tan exigente como esta. Ese espacio suele ser suficiente para lo básico: agua, comida o tentempiés, un botiquín de primeros auxilios, un mapa o dispositivo GPS, y alguna capa de ropa extra por si cambia el tiempo.
¿Piensas acampar o cocinar durante la ruta? Entonces la cosa cambia. En cuanto empieces a añadir tienda de campaña, saco de dormir, hornillo y provisiones, una mochila de 30-40 litros se te quedará corta. Para rutas de varios días o excursiones con mucho equipo, lo ideal es optar por una mochila de 50 a 70 litros.
Hay una regla que se cumple sea cual sea el tamaño que elijas: hay que cargar con inteligencia, no con peso de más. Llevar cosas de más —incluso en una mochila grande— acaba pasando factura a los hombros y la espalda a lo largo de una ruta larga. Lleva solo lo que realmente vayas a usar, y tu cuerpo te lo agradecerá al llegar al kilómetro 20.
